Erial
Para entrar a esta gruta, hay un erial que debemos cruzar, tan frío como silencioso. siempre y lejanas, las notas de la música eólica nos acompañan con una eternidad que nos devuelve a nuestra diminuta esencia. Una vez que se camina por el silente páramo, el vacío parece atraparnos en una sensación de inminente morbilidad. Probablemente algunos de los que caminan rellenan el silencio y su propia miseria con tonadas repetitivas. En otro rincón, hay una sucia ciudad mediando entre la relevancia y la existencia. Algunos planeamos viajes solares de infinita luminosidad, pero ésta solo habita nuestra mente. La ciudad con ese tono "gris invencible" nos depara todos los días sus letanías de la carrera de las ratas y, la relevancia del erial y la gruta mística se olvidan entre los garabatos del amanecer. "Unos me hablan de la eternidad del mar y su esencia destructora, otros me contaban sus alegres dimensiones en el plano mundial, ciudades y parajes acompañándoles a ...