Erial
Para entrar a esta gruta, hay un erial que debemos cruzar, tan frío como silencioso.
siempre y lejanas, las notas de la música eólica nos acompañan con una eternidad que nos devuelve a nuestra diminuta esencia.
Una vez que se camina por el silente páramo, el vacío parece atraparnos en una sensación de inminente morbilidad.
Probablemente algunos de los que caminan rellenan el silencio y su propia miseria con tonadas repetitivas.
En otro rincón, hay una sucia ciudad mediando entre la relevancia y la existencia. Algunos planeamos viajes solares de infinita luminosidad, pero ésta solo habita nuestra mente.
La ciudad con ese tono "gris invencible" nos depara todos los días sus letanías de la carrera de las ratas y, la relevancia del erial y la gruta mística se olvidan entre los garabatos del amanecer.
"Unos me hablan de la eternidad del mar y su esencia destructora, otros me contaban sus alegres dimensiones en el plano mundial, ciudades y parajes acompañándoles a llenar el vacío." Cuenta alguno de los viajantes así, en primera persona, desde sus años vividos.
Cuando se camina en medio de la nada con ninguna otra cosa que tus pies doloridos, hablar entre viajantes se convierte en ese acto de rebeldía contra lo inevitable de la rueda existencial.
¿Qué hay en la anhelada gruta? una piedra preciosa que no contiene nada más que su rareza. Y eso nos devuelve al sinsentido, la magia de lo absurdo y a Sartre riendo con tristeza.
Por su parte, la ciudad recibe a todos en ficción democrática. Mas ficción cuando sabemos que el símbolo de la relevancia utilitaria es el paseo por la felicidad dominical. Un centro comercial. De qué ha servido entonces caminar por el silente páramo, la enorme playa marina o la ciudad tumefacta? Infestado está de pistas el mundo de su propia irrelevancia.

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