Hola Sole

Buenos días,

Perdón por escribirte por primera vez, aunque hayas sido mi compañera por tanto tiempo.

No te he escrito nunca, dado el hecho de que, para ser francos, tienes muy mala fama en nuestra sociedad. Apareces siempre descrita como el destino final de la villanía humana. Apareces narrada como aquella condición antinatural a la esencia del ser humano, y aunque a primera vista pareciera que "aparecieras", la verdad es que siempre has estado allí, antes que mí, antes que todos.

El recuerdo más lejano que tengo de ti, es cuando tenía unos 8 años tal vez, y mis padres no pudieron llegar a verme a la salida de la escuela por un-hoy pienso- natural descuido. No voy a satanizar un olvido que puede pasarle a cualquiera.  Como fuere, recuerdo que la escuela se iba quedando cada vez más vacía y la tarde arreciaba, y fue en ese instante en que creí verte llegar sutil y poderosamente, a instalarte para siempre en el ático de mi espíritu.Ahora sé que lo que realmente pasó, es que noté tu existencia.

Hay una escena de la película "el fin de Evangelion" (Hideaki Anno, 1997) que me muestra mucho lo que eres. Creo que comentar la escena, sería muy obvio, por eso coloqué el hipervínculo para tí. A lo mejor lo has visto.

De este modo, siento muchas veces que  eres un inmenso lugar en todas partes, repitiéndote como un dios incólume. Eres omnipresente, me pregunto si acaso eres omnipotente.

Creo que fue Hemingway quien dijo que con el amor en su forma más intensa, el ser humano se permite burlar a la muerte por instantes. Así, los amantes que se enzarzan en un pacto suicida, actúan guiados por la fuerza que tiene esta emoción. Me pregunto si en tu jardín, te permites amar algo.

Se te ha asociado con las peores consecuencias para el ser humano. Por que, ¿acaso la evolución no quiso que toda esta aldea, todo este clan, tribu, manada de seres vivientes tan débiles y pequeños ante la colosal existencia suprema del cosmos indiferente, se diera calor entre sí, y se contaran chanzas burdas para evadirte? 

Yo creo que eres anatema contra la humanidad. 

Por eso nunca te he querido; aunque repetidamente se me ha pedido que te abrace. Yaces frente a mí, gélida, silenciosa como un cadáver y mirando al fondo de mi alma.

 Cuando tuve mi etapa prematura de buscar, en las montañas, las respuestas a mi existencia. (etapa en la que hoy veo a algunas personas de 30s) te encontré siempre. Mi mente te hallaba en el primer resquicio que me alejaba del grupo de penitentes que, ya en la década pasada, aprendían a tomarse "selfies" delante de los colosos de roca que adornan la sierra. Y tu presencia se mostraba tan gigante que me sobrecogía tanto como los paisajes recónditos que conocí.

 



Tú nos llevas a hacer estupideces, y cosas interesantes. Pero a la larga, triunfas llevándonos al abismo.

No me quedan dudas del valor del trabajo de artistas como Van Gogh, Lautrec, o casi cualquier pintor contigo. Por eso sigo dibujando aunque ya no me interese publicarlo. Del mismo modo pasa con los escritores, y la lista es tan larga que me bastaría solo con el mismo Hemingway.

De este modo, si bien, en ocasiones le permites al artista (y al intelectual) darse un aire contigo: "encontrarse", por decirlo, bien es sabido de que quien bebe mucho contigo termina mal. 

No puedo sacar de mi cabeza el "momento creativo" en el que habrá creído estar inmerso Layne Staley, autor de joyas en las que su voz desnudaba su alma, como "wake up"; pasando semanas contigo, cuando la realidad que encontraron los oficiales de policía tras varios meses en que tú y él fueron amantes,  fue la de un cadáver en descomposición, rodeado de jeringas, restos de "speed" y heroína, latas de aerosol, una televisión encendida con el ruido de la estática, comida chatarra y algún tipo de proyecto artístico sobre madera que solo quedó como material de los peritos forenses. 

Del mismo modo, no puedo olvidar el rostro de mi abuelo mirando perdido un programa de tv en UHF, mencionando, palabras más, palabras menos, que ya no tiene a nadie en este mundo. A la final, abrazas con todo a la gente, a la final, abrasas cuanto puedes a nuestra humanidad y así mismo nos recuerdas tu inmanencia.

¿Cómo no temerte? ¿Cómo no correr como un niño asustado a cuanto brazo confortable se ofreciera a aliviar tu agobio? ¿Cómo no sentir que tu presencia es más enfermedad que salud, más decadencia que florecimiento?  ¿Cómo declararte mi amiga, cuando tu presencia no necesita mi maldita anuencia?

Sé que debo empezar a reconciliarme contigo, sé que debemos hacer migas juntos, sé que nunca te vas a ir de mi lado, sé que eres señora sobre nuestro reino del ego, sé que aceptar que te has instalado hasta que yo mismo te sepa tolerar es el mayor desafío que se ha colocado frente a nosotros en esta vida, sé que no pedí tu presencia pero eso no te importa, sé y trato de aceptar tanto sobre tí, pero sobre todo sé que tú vas a estar de pie a mi lado el día de mi muerte, como lo estuviste el mero día en que nací.

 






Comentarios

  1. Wow bendita soledad, que le tememos tanto, tal vez no tanto por percibirse como un castigo, o como la villana del cuento... Tal vez solo por obligarnos a ver el dolor q guardamos dentro...y ante el mundanal ruido del mundo, lo mantenemos dormido o distraídos! Entonces, no es tan mala al final de cuentas... Si no nos encargamos de los monstruos internos a tiempo... Ella vendrá a obligarnos a hacer el trabajo!

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