Cuánto asco me das, epicentro.
Las personas solo ingresan a beber, oír apenas una conversación, ver sus atavíos, y sentir el limo pegajoso de las mesas malolientes.
Aqui, siempre se ven figuras femeninas, liderando una conversación, huyendo al baño, encerradas en besos con extraños.
La música de fondo casi no importa a nadie, sólo es un pretexto que hace ocultar los rictus, los eructos y las noteas chillonas de lo peor de nuestras conversaciones.
Allá, se mece, entumecido, un ebrio. Su mirada vidriosa y su sonrisa babeante anuncian una pelea, una búsqueda incesante del placer animal que nos circunda como especie.
No hay excepciones en la regla, rara vez encorbatados, las más veces de cueros negros, el sol no quiere entrar nunca a la llanura mustia del tugurio
Parece ser que todo se reduce, musicalmente, a Enrique Bunbury, inefable aedo de la mediocridad en el rock.
No hay humo de cigarro, tampoco de marihuana, el ambiente tísico y planificado del dueño del bar, así llamado "Epicentro" solo planifica su masturbación entre billetes de los alcohólicos.
Parece ser que nos dirige a todos a la misma espiral de embriaguez, 3 cervezas, un combo, vulgar canguil guardado de 3 días y sombras apestosas, todo diseñado para el amor rockero.
"Ya no puedo darte el corazón.."
La mañana camina despacio, en alguna otra parte del planeta, sabiendo que las vidas de estos consuetudinarios,
Solo se verán afectadas, por el ruido al despertar, en camas mohosas, o en lechos perfumados,
Sus/Nuestras- cabezas, aún resollarán las notas de "Nada de Amor", o de "Lady Blue", y la jaqueca de la cerveza barata-siempre lo es-, hará su estrago final
Los locales de cevicherías abren, y reciben la pléyade de resacados, rockeros, esmirriados, aspirantes a intelectuales, y otros, simples y violentos borrachos.
"La prensa anuncia: los bares podrán abrir en Ecuador, hasta las 4:00 am.".

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