Cielo de aerógrafo
Cuando caminamos felices en la alameda
embadurnados de cáustico y barroco amor
estamos tan insuflados...
tú en mis ojos, yo perdido en tu ser amplio
Y aparece ese cielo de aerógrafo
con una presencia tan solemne que nuestra
pérfida superficialidad se calla ante lo sublime
Se me ocurre pintarte un cuadro de ese cielo de tono caramelo
y te lo declaro cautivado con seriedad
tus ojos se pierden en una sonrisa de inminente beso
y sugieres que ya no use el óleo distante y complejo,
que tome el agua de la acuarela entre mis manos
como tomo tu vientre y nuestro futuro
y le de ondas de colores a un cielo difuminado
Otra vez el silencio, nuestras risas...
Instantes intensos que suelen coronar una empinada cuesta
de mis ausencias autoinflingidas, de tu dolor por mi madurez,
del sutil ser que nace entre los dos y le damos forma de león,
que vuelve recurrente tras las discusiones y el dolor que sin proponérmelo
margino en ese lienzo...se vuelve un cuadro con madera rojiza,
que la pasión y mis temores alimentan a la vera de nuestro camino
Es interesante que en nuestras cúspides seguimos mirando al cielo
y hallamos en la realidad una perenne cordillera negra
que sutil, seduce al cielo inmenso el cual no sería nada sin esa oscuridad
Así ,en lo universal se reproduce nuestro pequeño mundo
Con ese contraste poderoso que complementa
la belleza de lo material con lo gigante de lo etéreo:
Tú el cielo que llegaste a la tarde, yo la montaña erigida en el erial.

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