Alexander Supertramp


En la sociedad posmoderna el asombro es reducido con memes,
y la introspección se difumina por unas alas rotas que deshacen el color de las emociones puras,

Censuramos a quienes nos muestran su vida en 10 segundos de estado de whatsapp
y les seguimos silenciando hastiados del barullo simiesco de su existencia,

Parece que olvidamos que esa cadena de afectos y adicción social nos conmina a ser quienes somos,
No somos ermitaños, ni les envidiamos nada a los incomunicables del pasado

Somos más humanos en el sentido primate de la palabra, prístinamente dedicados gregariamente
a existir como la proyección y negación del otro. ¡Que nos asuste leerle y verle nos ayuda en el fondo!

Entonces ¿Qué denuncia el que huyó de las redes? ¿El que cerró sus cuentas y lanzó su módem por la ventana?
¿A qué lejana isla se va a remontar para evitar buscar ese otro que le compone?

En el nicho de su muerte, el huyente Alexander empujado por Thoreau encontró la luz
"la felicidad es real cuando es compartida" La base de su epitafio es ahora marca comercial

La ironía se burla al final de la reflexión demostrando el eterno devenir del absurdo,
y los "significantes" que debemos construir como seres arrojados al mundo

Pero no podemos dejar que la ironía tenga la última palabra, o la última burla oscura, anegando nuestras creencias,
Debemos acuñar en madera, con navaja desgastada y con lo que quede de nuestras fuerzas "Aquí estuvo el escribiente, creando significantes"



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