Resignación



 

6 meses sin decir nada. Mucho trabajo, muchas letras repetitivas. Cansancio pero energías suficientes para recitar el mantra: "hay que imaginarnos a Sísifo feliz"

Silencio resignado de adulto....pero un espacio libre entre jornadas.

Camino por la plaza grande y pienso que la señora con el megáfono hablándonos del fin de los tiempos debería saber que ahora los locos arrojan su voz al espacio, con disparatada fruición en twitter. 

Pienso que si la mujer tuviera una cuenta de twitter, escribiría disparatadamente, en mayúsculas, sus gritos contra la cordura. 

Pienso que el sinfín de cadenas construidas por quienes, en base a mentiras, se levantan como imágenes de la pureza y la razón. -el ser apolíneo y modélico que nos trastocó la existencia-  tarde o temprano se oxidan, y estos que ahora caminan mirando al suelo en el casco colonial, "los locos del centro" ven engrosar sus filas, con los otrora más pulcros.

Llego a la tienda de sánduches. Famosos por vaya uno a saber qué construcción e hilo de buenas referencias y buenas palabras. A mí se me antojan sánduches bastante terrenales, a pesar que yacen en las inmediaciones del pasaje arzobispal.

Me imagino a los arzobispos contando con sus manos suaves de intelectual o de hombre de letras, un fajo de sucios, tiznados, y renegridos billetes. Pienso también que le podríamos aconsejar (o que lo hagan las egiptizadas damas que reclinan su rodilla en los confesionarios) que ahora hay transacciones electrónicas, y así la afamada tienda de sánduches ya no tendría que pasar billetes.

Hora del canapé mundano sentado en la plaza. Locos, comerciantes, pero sobretodo ancianos. Miradas lacónicas, otras extraviadas, otras joviales. El camino y el destino incierto de la vejez. ¿importa si fuí un padre ejemplar, o un monstruo de hogar? En ese otoño los recuerdos son más que las realidades, y la vejez aparece ante mí como el momento de evasiones. 

Los ancianos conversan, y tejen ideas en órdenes volitivos. Sus emociones van entretejiendo sus temas. Hablarán de comida, y los afectos como los desafectos anudan los hilos de sus coloquios. Hablarán del clima o incluso desde la política, haciendo el ejercicio hiper latinoamericano de mirar tan sucia nuestra vereda, y tan limpia la del vecino.

Fue un buen momento de almuerzo, hallé tiempo entre mis 3 trabajos para sentarme a contemplar. Pero ahora, he de volver a la jornada de trabajo, y repetiré los ciclos del hombre adulto, que trabaja, que no sale de su ciudad y que cuida sus finanzas con depresión, hasta que cualquiera de los dos escenarios simplemente llegue. Me pregunto, que si de tener megáfono, ¿hablaré de las conspiraciones de la iglesia con los Estados Unidos y el presidente? ¿o abrazaré al fin el libro borrascoso de dioses, ángeles y profetas?, o talvez seré el más ensimismado de los ancianos, resignado, y sentado, mirando con ojos vacíos a las palomas comer.


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