En contra de mí mismo
Una espectadora, se une al coro de los dos músicos, quienes en sincronía desarrollan una sublime pieza musical de pop-rock.
Grita violentamente entrando en el registro final de la canción. Ella, desde su atonalidad y su euforia, da chillidos violentos a pesar de los silencios y el compás de la pareja de cantantes.
Quisiera quedar así, atado a un momento sublime, aunque como parásito de la belleza trascendental del arte. Pero no logro encontrar mi disciplina.
Ora canto, ora intento dibujar con vehemencia, incluso, escribo. Escucho la euforia de una sociedad que quiere volver a beber del mundo sin piedad. Siento el deseo de la fuerza vital, de beber del seno de la vida.
Pero son tantas sensaciones que, con violencia se arremolinan en torno a mi, que apenas puedo arañar un pedazo de su real dimensión. Sigo siendo mínimo. Eso no es novedad. Pero, el intentar asir la realidad con firmeza ahora también se me antoja una labor ingenua.
Nunca fueron dos seres, ni en Apolo ni en Dionisio. Era la vida manifestándose y la propia especie humana abriéndose paso a través de mi. Solo soy esa pugna que de hecho es vida misma. Recuerda que Nietzsche eligió vivir (al menos mientras tuvo cordura)
No me veo, como el prominente filólogo, atacando mi piel en un sanatorio usando pedazos de vidrio, al calor de los síntomas de una enfermedad venérea, o de la simple y brutal naturaleza filosa de la inteligencia, que coquetea con la locura como en un balancín que con frenético vaivén nos marca las horas en que hemos de vivir y morir mentalmente.
"No todo es mente", trato de construir este nuevo mantra, allende del que escribí en el pasado "debemos imaginar a Sísifo feliz". Quiero encontrar un nuevo aforismo que guíe mi filosa arma mental y no la descarrile a las cómodas aguas de la insanidad.
Creo que, verme como holistico/dialéctico/biopsicosocial siempre fue una oportuna y cómoda muletilla para dejar los devaneos del espíritu. Pero no hay señal, que no sea el arte, al día de hoy, de que mi yo trascendental haya podido en efecto romper la física del entramado tiempo espacio para comunicarse con quien soy en el presente.O al menos, aún no he abierto los ojos del alma.
La vida como tierra mojada me obliga a seguir oliendo ese aroma de mortalidad. Y la trascendencia mental...seguirá como quimera elusiva que intentaré arañar con un poema o un dibujo, mientas, curiosamente, viva.

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