Aluvión
Bajo por la calle La Gasca, visitar la ferretería, bajar por las calles limpias ya, tras el lodo, tras la muerte, tras la "vida que se abre paso a pesar de nosotros". La casa en que vivimos nuestro amor sin dinero (¿se podrá amar de otro modo?) aún luce en pie. Soñarte por cuarta, quinta vez, aluvión de recuerdos. Luego la gente critica mi amnesia. Olvido como acto de supervivencia. Hoy, sigue saliendo el sol, hoy, rutina al fin. Hoy, el ciclo sucio y el apuro para poner la huella digital en un timbre lastroso. ¿a eso se redujo el gran lema de "dejar huella"?. Dejar que, como el lodo, el olvido se trague también los recuerdos de la ilusión del último lustro que los estudiosos de la edad llaman "juventud", de quien esperaba para subirse acaso al último autobús con destino a la utopía bárbara del capitalismo de sentirte casado y ergo, realizado.
Hoy es aluvión. El lodo y la lluvia se llevaron vidas completas, edificaciones de años y cubrieron las ilusiones de cientos con una capa de brutalidad en la que "pachamama" ya no nos abraza tan cálida.
Momento de llenar de tierra mojada y áspera quién soy, dónde me encuentro... a ver si entierro mi propio ser por los factores aleatorios de la existencia que me recuerdan que falta poco para entrar a algún estúpido grupo de riesgo en materia de salud,la ansiedad médica de sentirme parte de...la vejez. Trabajar y vivir huyendo del estrés para ser un buen hippie urbano, yuppi, saludablemente vago. Para evitar ser ese pobre hombre realizado- frustrado- enfermo gástrico, paciente oncológico, grupo de riesgo hepático/insulínico, renal. Subr al tercer o cuarto piso-el de las enfermedades- Huír de convertirme en ese maduro hombre que vive en sus plenos treinta, añorando con ojos de ausencia el día de su jubilación.¡Deseando voluntariamente entrar al cenit de su vida!¡Deseando vivir un puñado de años achacado por efermedades y cobrando un cheque que el Estado le entrega esperando que muera!
Ese hombre jubilado con un puñado de billetes que la vida le arrojó con conmiseración, digamos, la donación del sistema para quien dejó que el aluvión se lo devore.
¿Cuándo permitimos que el aluvión soterrara así nuestros ideales de juventud? las farragosas lenguas de lodo negro viscoso, sucio, lluvia de existencia intempestuosa. Ese hombre cuya alma fue derribada de un golpe de ciénaga: cuentas por pagar, pensión de alimentos, hijo distante, o hijo perdido, o hijo nunca concebido, da igual. Ex esposa, amor de juventud oxidado, ilusión desvencijada por los proyectos de llenar un guardarropas, o una casa de cachivaches, da igual, esposa que se convirtió en hermana, viudez, da igual . Ese hombre con todo aquello encima de él, con una montaña de lodo de vida incuantificable por un simple reloj biométrico en que pone su huella dactilar cada mañana de ese "un día menos". Su vida, sus ilusiones desterradas a la ínsula de Barataria, donde es rey y amo de Sodoma y Gomorra, antes de dormir nada más.
El aluvión es literal y figurado, ya no hay más latas de atún para quienes perdieron sus casas, la compasión es efímera también, el hombre que pide caridad usando el aluvión como excusa tendrá también su credibilidad en horas extra. "ponte a trabajar, ya no hay monedas para tí".
Las huellas del aluvión están allí, en la avenida que baja sinuosa por una de las cicatrices de la ciudad, yo sigo bajando por la vereda descuartizada, por esa panza de recién estrenado concreto, que cubre el alud que cubrió la vida, que cegó la vida. Pido en la ferretería una copia de llaves de un nuevo lugar, una nueva puerta que abrir, un nuevo jardín que construir, con el sol brillando hoy, y prometiéndome vanamente que no vendrán nuevos aludes.
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