Arpegio
Tras la tormenta en la montaña,
una calma inmensa- pradera mojada se convierte en lodazal
Una festiva ría se forma ladera abajo
las aves canturrean-sutil trino de vida tras la agonía
No hay ruido de pasos, no hay correteos, no hay suspiros ni susurros.
Resuenan suavísimo aún, las gotas
el viento se conduele de las abigarradas copas arbóreas
Cede el paso a la paz como un absoluto
bebe agua del canal el oso andino en estampa fría
No hay risas, no hay voces, no hay agudas observaciones y menos reflexiones.
El coloso de nieves hoy no agotadas,
a pesar de su distancia, casi parece acariciar la escena
con sus gélidas manos invisibles
su espíritu pétreo llena el silencio del alba en sus reinos
No hay fotógrafo, no hay pintor, no hay filósofo, ni tampoco explorador.
Comentarios
Publicar un comentario
Comente el artículo: