La carta que le escribí a mi amigo escritor.

Agosto de dos mil veinte y tres.

-Alguna ciudad.

Rubén, mi buen Rubén...

Quisiste participar en la bienal de la ciudad transformando la historia que vivieron juntos, en un cuento ambientado en otra época y lugar, donde, quizá, habrían más escandalizados por la conducta que ambos demostraron.

Una conducta impropia para los demás, pero bastante comprensible, dijiste, "para dos personas perdidas que se juntan al caminar de la mano el extravío, tomarse una copa de vino con la desazón de sentirse víctimas de algo no tan claro, y, si se puede, disfrutar ese camino incierto, y esa embriaguez tan real". Pienso que esperabas escaparte con ella entre las letras, las palabras, el vino, el humo,  y un beso tan "furtivo como demoledor", según lo describiste.

Me pregunto mi querido Rubén, ¿qué demolió ese beso? ¿acaso tu cordura?, ¿fue ese beso, realmente capaz de hacer, como dices, crecer algo intenso e incólume en medio de lo indeterminado e impreciso? en verdad me preocupas un poco, o, tal vez disfrazo mi envidia con preocupación.

Me preocupa, además (?), que no pudiste pasar más de dos capítulos en el que su nombre y su ser se ponían un disfraz para recrear todo una y otra vez. Me lo confesaste esa tarde.

Te pregunté qué nombre tenía esa ladrona de tu raciocinio. Dijiste que habías decidido llamarla Julia, invocando su nombre real debajo del teclado. Asocié en gran medida que querías plasmar la realidad de la cancelación Orwelliana, la vigilancia, la sociedad, y el ego creciendo como una hidra en todas direcciones. Me dijiste que ibas a jugar con los personajes de Orwell. Acerté entonces. Me dijiste en ese tono barroco y poético que te suele invadir: "me gusta pensar que los personajes, se volvieron asiduos a corromper su pureza obligada por la cultura de la cancelación de la que eran agentes, hasta la propia médula, hasta los huesos, hasta el alma. Me agrada que los personajes entren en un ciclo de adicción de la cual parecerían no poder librarse. Me gusta representar la rebeldía de Julia y Winston"

Bueno, si terminaste de leer el libro al que referencias en tu cuento, sabes cómo les va a esos dos personajes, ¿no? Sé que prefieres ignorarlo olímpicamente.

Finalmente, decidiste darme tu cuento breve de dos capítulos para que lo examine. Al leer tu texto, noté que invocas su nombre una y otra vez, y como un algoritmo unívoco, la historia -así sin el drama de la pérdida- se repite, una y otra vez. Parece que condenas a ambos personajes a estar atrapados: colocas una y otra vez a la pareja en la misma escena del beso-escapatoria. La escena del beso-descubrimiento. Haz descrito en 40 páginas un montón de escenas en diferentes lugares que terminan exactamente igual. A veces haces que ambos personajes se traten con una amabilidad y frialdad propia de dos colegas de trabajo, otras veces les lanzas a un escenario en que ambos se conocen como de toda la vida. Y así, la historia que escribes para ambos, obsesivamente, se repite. Terminan irremediablemente locos uno por el otro.

Hiciste que ambos se devoren a besos en una despedida eterna. Hiciste que ambos se vuelvan a devorar a besos en un paisaje playero, hiciste que ambos duerman, uno al lado del otro, en mil lugares. En esas noches construiste mil diálogos íntimos en los que escogiste casas, cobachas, departamentos, resorts, moteles, hosterías, hostales, donde ambos intercambiaban confidencias y caricias sutiles. ¡Hasta se te ocurrió construir una escena de esas en una oficina al cerrar!. Julia y Winston (tu personaje masculino que sospechosamente me pareces tú mismo) se enamoran, pierden los estribos, se acaban uno al otro con besos, caricias, frases,se drogan juntos, ríen, hacen el amor de forma incansable, así, haces que Winston no pueda dejar de poseer a Julia en un escape idílico y recrear escenas y escenas eróticas coloridas entre adejtivos,sustantivos, sobretodo, nombres anatómicos.

Yo deseo que tu idilio tenga buen viento y buena mar, querido Rubén. Pero con respecto a tu cuento, me temo que los críticos lo van a encontrar poco original. Un affaire más, si me entiendes, eso sin siquiera mencionar el claro cuasi plagio que te has mandado de la obra de Orwell. Es difícil que comprendamos los lectores desapasionados, todo el volcánico torrente de pasión que se despertó en Julia, desde que leyó ese poema que Winston le escribió,  como retorno al mensaje encriptado que ella le alcanzó a enviar. Me permito citar tu poema con algunas correcciones de estilo que me he animado a colocar:

"Soporto los lunes, soporto los martes,

otra mañana en la oficina del pensamiento,

somos agentes de la cancelación,

y el gris derrotista nos consume.

Somos tu y yo una marea de rutina

personificada en nuestros rostros silentes.

Sufres la pesada carga de la censura como yo

Y al cerrar la jornada, desapasionada y friamente,

te despides de todos, como yo

No obstante, y contra toda señal que no supe enviarte

pusiste tu nombre real en un papel que,

arrugado me diste al salir.

Desde entonces planeo nuestro escape

a la ínsula que queda

más allá del pensamiento"

Deseo querido amigo que tengas éxito en tu vida. Espero puedas acomodar las piezas de tu presente que están rotas en todas las direcciones posibles, eso lo detecto en tu escritura. Espero puedas encontrar las respuestas a las interrogantes que hoy te asfixian sin salida.Y espero que Julia pueda escribirte de vuelta, un mensaje que pueda encerrar en palabras las emociones que tu has atrapado para entregarlas, como un ave entre las manos, a su corazón. Y de ese modo puedas atesorar un poco de la imagen que parece no irse de tu mente ni un segundo.

Te quiere, 

Roberto





 

 

 


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