Presentarse
Recuerdo
que en cada nueva clase nos presentaban unos a otros, lazy estrategia de docentes que arrancaban tocando nuestra fibra
sensible en torno a la afectividad. Entonces era el turno de proyectarnos….En
el colegio no obstante, las
presentaciones parecen ser hondamente sinceras, el adolescente lucha consigo y con los
ideales que tiene, esa lucha es pura honestidad. Así, el adolescente dice qué es y qué espera,
incluso repitiendo lo que otros dicen es honesto…”no quiero perder el año”, “no
quiero quedarme en exámenes supletorios”…..simples anhelos que muestran el
utilitarismo conflictuado del adolescente. Tuve la oportunidad de escuchar
presentaciones mayor o menormente preparadas pero con el mismo grado de sinceridad
conflictuada. Jóvenes en construcción que no se miran como productos
terminados.
Por otra parte, en la Universidad y en el posgrado el ejercicio de
presentarse es una práctica empachada de pedantería, este adulto es un producto
terminado –piensa él- que puede permitirse decir “yo tengo” en lugar de “yo
soy” (esto ya lo advertiría el filósofo hedonista francés Michel Onfray); y en cierta medida esas “tenencias” de hecho son carencias. Proyectarse
probablemente no sea tan malo, porque cuando nos proyectamos no decimos quienes
somos (porque talvez ni lo sabemos bien) sino que decimos como creemos ser. Entonces uno podría
justificar la pedantería, el que dice que tiene tantos posgrados o tantos
bienes talvez crea tenerlos, podría mostrarnos certificados y
títulos de propiedad en clara extensión de su fantasía del poseer. Los demás le hacemos el juego y le respetamos eso que posee y que dice tener, hasta el Estado lo hace.
Pero, ¿qué hay del ser?
El
adulto se presenta con un mayor grado de certezas y eso no deja de ser un
ejercicio de deshonestidad, las dudas son presentes en el ser hasta que muere,
pero la seguridad es un pasaporte a la aceptación: “tengo un doctorado” es una
manera tan amplia de escudarse en el sinfín de significantes que esa palabra
tiene. Decir “tengo un doctorado” o “tengo el título de…” es dejar a la
imaginación de cada uno de los oyentes una formulación de contenidos "inferibles" que se
unen atávicamente a sus complejos. Así, mientras los complejos de inferioridad del
oyente sean más amplios, la definición se amplía y magnifica-empequeñeciéndo al pobre oyente inseguro y liliputiense-. La medida de la inseguridad
del otro entonces acentúa la roca de concepto en la seguridad implantada del presentante.
Pero no puedo culpar al que se presenta, ya que
no queda otra que actuar ante esa frase incómoda del guía del grupo: “por
favor, póngase de pie y preséntese ante la clase”. ¡Algo hay que hacer!, Surge vertiginosa una
urgencia incómoda de actuar ante esa impertinencia de los constructos que creen
que deberíamos tener, en la que elegimos
la píldora azul por sobre la roja siempre….porque durante esos segundos entre
pararnos y hablar estamos eligiendo entre dos opciones…..”yo soy…..” o, “yo
tengo….”. Y así, siempre elegimos la misma permitiendo que el mundo siga con
esas certezas bastardas.

Tienes tanta razón, se han perdido las ganas de "ser" y se conjuga a diario por el "tener", magníficamente queda al descubierto el querer buscar algo más que la construcción materialista en lugar de alcanzar a ser alguien excepcional en cuanto a la manía de sus pensamientos.
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