Espejo.
Esa tarde, mientras colapsaba la rutina diaria, abrumada por el vasto espacio que dejaban unas vacaciones abruptas, pude alzar un vuelo hacia una dimensión donde la introspección me colocó, de frente a frente, con uno de mis poemas, y empecé a dialogar con él. Le pregunté entonces....¿quién eres?
Él dijo:
Soy el que soy,
me estrellé contra el cielo,
caminé de cabeza y puse tus prioridades en el olvido.
Hoy comes, mañana no, Eso no me importa
soy pestilencia de la cabeza,
que se reniega a irse
letras que embargan tu racionalidad.
-Insistí en preguntarle, ¿qué quería decirme con eso?....él prosiguió, con un tono que me parecía sarcástico, pero talvez era su esencia:
Los versos desconectados como seña de identidad
Han tomado como rehén de nuevo a tu cordura,
Mi cheque de fin de mes ya tiene Estocolmo, le sonríe a mi destino freudiano.
"Soy el que soy" se presentó Satanás así de sencillo, ¿por qué le das vueltas?
Con tantas caras y tantas formas,
Que se reduce la paradoja
Tautológica
Como me siguiera recitando, casi con jugueteo, opté por cambiar mi tono y le dije: ¿qué deseas?
Él insistió:
Canto, silvo, grito al viento que vivo a pesar de la vida,
y en este anagrama binario queda parte de mi sangre avinagrada,
Derrapo mi rostro contra un monitor, le escurro entraña como puedo y solo así me siento vivo,
o al menos trascendente,
Yo soy tú, Soy Roberto, no le temas a la intrascendencia,
Porque el ego/mara siempre espera
Para devorarse tu castillo de naipes,
Y cuanto más alto coloques tus anhelos de yo
Y más alta pongas la efigie del Narciso masturbatorio que eres,
más barroca y ruidosa será tu caída,
Soy el que soy,
Cuídate de no pensarte irrepetible,
Aunque camines por calzadas usando tus manos y vomitando al cielo,
Y escribas tantos versos como puedas,
Yo tengo tu destino en mi bolsillo,
Y curiosamente, tan común a la especie,
Que todas tus estatuas serán arena.
Nos despedimos entonces, pero despedirse no significaba nada para él, porque jamás se iría.
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